En Pocifren realizamos pruebas de estanqueidad en Madrid sobre redes de saneamiento nuevas o reparadas. La prueba responde a una pregunta concreta: ¿esta red pierde agua? Y si pierde, ¿cuánta?
Es el ensayo que separa una sospecha de un dato. Antes de picar un solado, abrir una zanja o discutir con una aseguradora, conviene tener una medición hecha.
Cuándo conviene una prueba de estanqueidad
- Antes de tapar la zanja en obra nueva. Es el momento barato. Una vez repuesto el terreno y el pavimento, comprobar lo mismo cuesta varias veces más.
- Después de una reparación, para verificar que el tramo sustituido queda sellado y que la unión con lo existente no filtra.
- Cuando hay humedad y no se sabe de dónde viene. Una humedad en muro de sótano puede venir del saneamiento, del terreno o de la red de fontanería. La prueba descarta o confirma el saneamiento.
- En compraventa o en recepción de obra, para dejar constancia del estado de la red antes de firmar.
- Cuando una comunidad va a reclamar al seguro. Un informe con la prueba documentada tiene otro peso que una descripción de los síntomas.
Cómo se hace: los dos métodos de la UNE-EN 1610
La norma UNE-EN 1610 regula la construcción y el ensayo de acometidas y redes de saneamiento, y contempla dos procedimientos.
Prueba de aire (método L). Se aíslan los extremos del tramo con obturadores neumáticos, se introduce aire a una presión de partida y se mide la caída durante un tiempo tabulado según el diámetro y el nivel de exigencia elegido. Es rápida y muy sensible: detecta fugas que el agua tardaría en manifestar. Su inconveniente es que reacciona a la humedad de la tubería y a la temperatura, así que puede dar un fallo donde no lo hay. Cuando el aire suspende, lo razonable es repetir con agua antes de decidir una obra.
Prueba de agua (método W). Se llena el tramo hasta la altura de carga prevista, se deja un periodo de acondicionamiento de una hora para que el material absorba lo que tenga que absorber, y después se mide durante 30 minutos el volumen que hay que reponer para mantener el nivel. Ese volumen es la pérdida real, y la norma fija el máximo admisible en litros por metro cuadrado de superficie mojada. Es más lenta, pero da menos sustos y permite cuantificar.
Trabajamos con los dos. En redes enterradas de obra nueva solemos empezar por aire, porque es ágil y permite ir cerrando tramos deprisa. En diagnóstico de una fuga existente vamos a agua, porque interesa el caudal.
De la prueba al punto exacto
Una prueba dice que el tramo entre dos pozos pierde. No dice en qué metro. Para llegar ahí se combinan técnicas:
Se acota por bisección, cerrando pozos intermedios y repitiendo hasta reducir el tramo sospechoso a unos pocos metros. Después se pasa la cámara de inspección, que en un tramo corto suele mostrar la fisura, la junta abierta o la raíz que ha entrado. Cuando el agua ya se ha ido y no hay nada visible, el humo trazador delata por dónde sale.
Con el punto identificado se decide la intervención: sustituir el tramo, rehabilitar sin zanja o reparar la junta. A menudo el resultado cambia el presupuesto de forma drástica, porque una rotura de dos metros bajo un jardín no tiene nada que ver con levantar treinta metros de acera.
Qué entregamos
Un informe con el tramo ensayado, el método empleado, la presión o carga de partida, el tiempo de mantenimiento y la pérdida medida frente al máximo admisible. Si se ha localizado el punto, va el vídeo de la inspección y la posición acotada desde un elemento fijo.
Ese documento sirve para la dirección facultativa, para el ayuntamiento y para la aseguradora. Y sirve también para el propietario, que deja de decidir a ciegas.
Antes de llamar
Ten a mano dos cosas: por dónde discurre la red, aunque sea de forma aproximada, y si hay pozos o arquetas accesibles. Si no los hay, primero toca localizarlos, porque sin punto de acceso no se puede obturar ni ensayar nada.
Si la red está simplemente atascada y no rota, el trabajo es otro: un desatasco resuelve el síntoma y después, si procede, se ensaya.